No hay, no funciona, no sé…

Así lo vivo yo.

Por todas partes, las respuestas son las mismas, “no hay, no funciona, no sé”…

La escasez es otra arma de dominio del régimen. Mientras estemos haciendo cola todo el día, no tenemos tiempo de ir a protestar. La gente hace colas larguísimas alrededor de los automercados esperando que llegue “algo” regulado de primera necesidad. No saben a ciencia cierta qué puede ser pero ahí están, horas y horas.

Me niego a semejante humillación. Prefiero ir cuando no hay cola y comprar alimentos alternativos. Pienso fuera de la caja y no le hago caso al juego del gobierno.

Hay quienes se comunican por las redes sociales y salen corriendo cuando les dicen que hay algún alimento escaso, aunque estén haciendo algo importante.

Me niego a hacerle el juego al régimen y entregarle mi tiempo. Ni mi dignidad ni mi tiempo están en venta por dos litros de leche.

Al comprar comida o medicinas hay que dejar la huella digital como si uno fuera un delincuente y al salir, registran la cartera. Si ya compramos el producto en la semana, te lo niegan. Y si el número de la cédula no termina en el número que corresponde al día de la semana y hay un producto de primera necesidad que están vendiendo, no puedes comprarlo aunque lo necesites .

No recuerdo, en todos los años de mi vida que he vivido en este país que me trataran como un delincuente cuando entro a un automercado o a una farmacia. Cuando me siento humillada por estas prácticas, ya no quiero volver.

Hoy día no hay medicinas ni productos de higiene en las farmacias, parecen quioscos de chucherías. La gente duerme en la calle desde la noche antes para estar cuando llega el camión de algún producto al local, poniendo en riesgo su vida por la delincuencia desatada. A veces, a pesar de haber dormido allí y haber hecho la enorme cola, se acaba el producto y el sacrificio es en vano. Los que tienen posibilidad de pagar en dólares, encargan sus medicamentos y productos de higiene que después de muchas vueltas (Colombia, Panamá y Venezuela) llegan y son muy costosos. Los demás mueren de mengua y yo rezo para que no nos enfermemos..

Emigrar puede hacerme sentir como un ser humano haciendo las cosas normales que hace la gente cuando va de compras, con libertad para escoger y trato decente.

 

 

Autor: emigrarsite

Soy venezolana, aunque probablemente fui francesa en otra vida que seguramente fue muy feliz. Soy licenciada en Letras, egresada de la Universidad Católica Andrés Bello y Máster en Linguística Aplicada, egresada de la Universidad Simón Bolívar. Hablo francés e inglés y he vivido en Suiza, Francia y Estados Unidos donde también trabajé como co-editora. Me gusta escribir y me encanta aprender idiomas y sobre todo viajar. Ahora vivo en Nueva Zelanda.

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